fbpx

Tomando decisiones

Soy indecisa ¿por naturaleza? No lo sé, pero estoy harta de sentirme paralizada ante cualquier decisión mínimamente importante. Las listas de ventajas e inconvenientes no son suficientes para mí y postergo tanto mi toma de decisiones que al final siempre estoy en el mismo sitio, no avanzo…

Como he comentado en otras ocasiones, en mi opinión cualquier actitud y comportamiento que se mantiene en nosotros es porque cumple alguna función porque, de lo contrario, se extinguiría. Así que, antes que nada, ¿has pensado para qué te sirve ser indecisa?

  • ¿Quizás buscas la seguridad, la aprobación y el amparo de las personas en las que te apoyas para decidir?
  • ¿Tal vez te apoyas en otros para delegar tu responsabilidad, especialmente si las consecuencias de tu decisión no son las esperadas?
  • ¿Es posible que, inconscientemente, lo hagas por captar la atención de los demás, o incluso por sentirte acompañada en tu disyuntiva?
  • ¿O es que te dan miedo los cambios y tu parálisis te hace estar justo donde quieres estar porque, en el fondo, no deseas avanzar?

Una vez que te has “cazado” en la función que cumple la indecisión en tu vida, si has decidido realmente poner fin a este bloqueo que tú misma te has impuesto, es hora de pasar a la acción:

1. Tómate tu tiempo.

No se trata de postergar (o procrastinar, término tan de moda ahora) una y otra vez el momento, claro está. Pero tampoco te presiones más de la cuenta porque a veces el hecho de que tus decisiones no afloren de manera natural se debe, simplemente, a que los deseos que las respaldan no están maduros para manifestarse.

2. Escucha a todas tus voces.

Es importante que seas consciente tanto de tus motivaciones como de tus resistencias. Tus voces interiores no son siempre unánimes y reconocer estas paradojas te ayuda a aceptar tu división como algo necesario. Y una vez que has escuchado a todas tus voces, toma nota de cuál o cuáles son las que más se alzan

3. Asume el riesgo.

Tus dudas son como la niebla: se disiparán a medida que avances. No puedes pretender tener todo claro desde tu punto de partida sin ni siquiera haberte puesto en marcha. Y ponerte en marcha, por supuesto, conlleva una dosis de riesgo que has de asumir. Pero sin la cual tu proceso de toma de decisiones perdería su complejidad, y también su trascendencia. Es decir, que si tu elección te pone un poco nerviosa, es que así ha de ser, así que agradece que tu sistema funcione con normalidad porque te está alertando de algo que tiene relevancia para ti.

4. Piensa con la cabeza…

Las clásicas listas de “pros” y “contras” te ayudan a valorar objetivamente los aspectos positivos y negativos de cada opción, contribuyen a desenmarañar tus pensamientos y, sobre todo, a clarificar tus valores al respecto.

5. … pero decide con el corazón.

Los “pros” y “contras” están muy bien para tener una visión global del asunto, pero no para decidir.

Pero, ¿podrás estar segura de que decides “lo correcto” cuando lo haces con el corazón? Desde luego que no: decidir con el corazón no te garantiza la seguridad que quizás con tanto ahínco buscas. Pero sí podrás estar segura de que es, como poco, la opción que mejor te hace sentir, la que está más alineada con tu natural forma de ser.

¿Y qué es elegir con el corazón? Es usar tus emociones como lo que son: una guía. Así que visualízate en cada opción y observa cómo resuenan en tu interior cada una de ellas y elige aquélla que, sencillamente, te haga más feliz.

6. Escucha otras opiniones…

Como todos los puntos de vista son parciales, es importante que, si crees que te falta información para estudiar tus opciones, enriquezcas tu punto de vista abriéndote a las opiniones de otras personas cuyo criterio valoras.

7. pero sé tu propio consejero…

De acuerdo, escucha a otros… pero acepta la responsabilidad que te corresponde y apóyate en tu propio juicio a la hora de decidir.

8. Comprométete con la decisión tomada…

Es posible que la solución ideal que busques no exista en este momento y, sin embargo, debas decidirte. Así que elige lo más aproximado a lo que deseas y comprométete con tu decisión para afrontar las dificultades que inevitablemente sobrevendrán.

9. … pero sé libre para cambiarla.

Tomar una decisión no es algo irreversible. Sé lista y resérvate una salida de emergencia. Si nuestra cabeza es redonda es para permitir al pensamiento cambiar de dirección.

 

Un abrazo,

Deja un comentario