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Serie ¿Vale la pena tener sueños? 4: Allanando el camino hacia tu estrella I

Alcanzar tus sueños o, si te parece más aterrizado, lograr tus objetivos, no suele ser nada fácil. Es más, a un nivel más profundo o espiritual, se dice que los sueños en realidad son lo de menos, que lo esencial es que se despiertan en nosotros para cincelarnos y modelarnos, para convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos. La piedra que cae por la ladera y en su camino los propios golpes le dan forma…

Sea como sea, tal vez pienses que a algunas personas les sonríe la suerte sin que hagan aparentemente nada para merecerla, pero, ¿de veras crees que son tantas? Y aunque fuese así (que no lo creo), ¿de verdad vale la pena que te hagas mala sangre envidiando la supuesta suerte que tienen otros y centrándote en aspectos que escapan a tu control?

Yo creo más bien que la suerte es una amante esquiva y que tienes que estar todo el tiempo provocándola para seducirla y que acuda a tu encuentro. Y ¿cómo provocarla? Con valentía, atreviéndote, probando, trabajando, esforzándote, explorando nuevos caminos, buscando nuevos contactos, siendo osado, dejando de suponer y de “futurizar” desde tu cómoda zona de confort… sacudiéndote la pereza y el miedo, en pocas palabras. Aristóteles decía que la suerte favorece al intrépido. Vamos, que el movimiento se demuestra andando: no hay otra.

A las personas con las que trabajo me gusta decirles que si la vida es como un tablero de ajedrez, hay una mitad del tablero que no depende de nosotros (son el mar, que decíamos en el artículo anterior, en el que todos navegamos, a merced del viento y las tempestades). Pero la otra mitad sí depende de nosotros: y es nuestra responsabilidad desarrollar al 100% ese 50%.

¿Y cómo hacer más fácil el camino hacia nuestra estrella? Para ello me serviré de las 3 perspectivas que te comentaba en el artículo 1 de esta serie. Sí, las 3 juntas porque creo que forman el trípode perfecto y que apoyar la mesa de tu deseo en una sola de sus patas no es suficiente:

1. La perspectiva occidental: que si recuerdas consiste en fijarse una meta y tratar de conseguirla por todos los medios posibles (o imposibles). A cualquier precio.

Desde este planteamiento, lo positivo es que para conseguir tus objetivos sabes que has de esforzarte, enfocarte en los recursos personales que tienes y en los que puedes desarrollar, pues no sabes de lo que eres capaz hasta que no lo emprendes. Esta perspectiva te inspira a luchar y también a ser estoico, a resistir… Y si no te rodean personas positivas, siempre te puedes servir del apoyo moral de muchísimos autores que conocen de primera mano el alma humana y lo que sufre cuando se ve rodeada de dificultades, entre otros muchos:

  • Victor Frankl, neurólogo superviviente del genocidio nazi: “Quien tiene un porqué para vivir es capaz de soportar cualquier cómo”
  • Antoine de Saint-Exupéry, autor de El Principito: “Es necesario que soporte dos o tres orugas si quiero conocer las mariposas”
  • Pema Chödrön, monja budista: “Sólo en la medida que nos exponemos a la aniquilación una y otra vez podemos hallar en nosotros aquello que es indestructible”
  • … la lista es infinita.

Pero también has de estar atento a los riesgos a los que te expondrás:

  • Que pierdas el norte de tu brújula interior: que tu fin justifique todos los medios que uses.
  • Que pierdas tu sentido del equilibrio y te conviertas en un adicto al trabajo, un workaholic como ahora dicen.
  • Que pienses que tu esfuerzo garantiza automáticamente tu logro y, por tanto, te frustres, te desesperes o te deprimas si no lo consigues, cuando en realidad, NADA está garantizado, tenlo presente.

Es importante que trabajes por tu estrella, pero no dejarte la piel en ella. Tu estrella puede ser, incluso, el centro de tu vida, pero no debe estar por encima de ella. Puedes despertarte ya de buena mañana con tu radar atento a nuevas ideas y oportunidades, pero no permitas que tu estrella te queme, te agote o te arruine. Descansa, recarga tus pilas… el estrés es como una goma: siempre la podemos estirar un poco más. Pero hasta la mejor goma se rompe. Y si te saturas, tu mente no podrá absorber las nuevas ideas y oportunidades que se le presenten, pues estará abarrotada y no cabrá en ella ni un alfiler.


2. La perspectiva zen:
que, como te decía, recoge los principios del budismo, es decir, no tener deseos porque los deseos llevan a los apegos y los apegos son la causa de nuestro sufrimiento.

Esta perspectiva también es muy valiosa si sabes manejar tus deseos y que no se conviertan en apegos, es decir, si logras verlos como lo que son: algo estimulante para enriquecer tu vida, no algo indispensable para tu felicidad. Es decir, puedes ser feliz también si no los alcanzas.

Sobre el budismo y el zen quedan tantas cosas por decir (y, a mi juicio, muy útiles para la vida diaria), que ya será en otros artículos 🙂


3. La perspectiva mística:
que, como te decía, se basa en la ley de atracción.

Pero si no te gusta porque te parece demasiado mágica o espiritual, te lo diré de una forma más científica, en palabras de Albert Einstein: “la imaginación lo es todo; es la vista previa de lo que la vida va a atraer”.

Esto viene a decir que las cosas comienzan a existir, de alguna manera, desde que empiezan a crearse en nuestra mente. A través de ella, entonces, no sólo comprendemos la realidad sino que también la generamos. Estamos acostumbrados al “si no lo veo, no lo creo” y a lo que yo te animo es a lo contrario “si no lo creo, no lo veo”. “Creo” en su doble sentido: de creer y de crear. Con esto no pretendo decir que dejes de ser realista y mires la vida exclusivamente con los ojos de tu imaginación, pues eso sería un delirio. El optimismo postizo, las meras ilusiones, no sirven para nada. A lo que intento animarte es a ser un poquito más visionario. Realista y visionario, el tándem perfecto en mi opinión. Te pongo un ejemplo muy simple: para que una casa exista, ha tenido que existir antes en la mente de un arquitecto. Es decir, ha nacido en un espacio intangible que no existía y con el tiempo se ha materializado en unos planos y después en la realidad. Si el arquitecto no “creía” en su idea y la “creaba” en su mente antes… ¡no habría casa! Así de simple [Esta idea me hace recordar de alguna manera a Sandra González, a la que te invito a conocer porque su interesante planteamiento, profundo y sorprendente, te hará pensar y ver la realidad con otros ojos…]

Solemos ser reactivos: si cumplo mi objetivo, estoy satisfecha; si no, me siento frustrada. Desde esta perspectiva “mística”, yo te invito a ser proactivo, justo lo inverso: intentar estar contento antes de cumplir tu objetivo. Porque la vida se manifiesta, como cualquier proceso de crecimiento, de forma centrífuga: de dentro a fuera. Es decir: desde este planteamiento, no se trata tanto que intentes las cosas (lo externo) para estar satisfecho (lo interno), sino más bien justo al revés. Se trata de intentar estar satisfecho y animado gracias a tu renovada visión y, según la ley de atracción, los resultados externos aparecerán como puro reflejo, como consecuencia necesaria. Y si no crees en la ley de atracción o, directamente, no existe, ¿qué más da? Si, como decíamos en el artículo 1 de esta serie, esto te hace sobrellevar el camino hacia tu estrella con más alegría, ¿no crees que vale la pena intentarlo?

¿Y cómo sería esto de vivir el camino hacia tu estrella también desde esta perspectiva mística (sin olvidar, por supuesto, las anteriores)? Te espero en el siguiente artículo 🙂

Un abrazo,

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