Picoteando del budismo lo que me sirve

El budismo, bajo mi punto de vista, más que una filosofía o una religión es, ante todo, una valiosísima fuente de sabiduría psicológica práctica. Y no hace falta que te enredes en su terminología para comprender y aceptar (al menos, bajo mi punto de vista) sus verdades y ver su aplicación directa en tu vida cotidiana.

Siddharta Gautama, más conocido como Buda Gautama o, simplemente, Buda (que significa “despierto” o “iluminado”) fue un sabio que vivió en el siglo IV antes de Cristo que descubrió el “camino medio”: una senda de moderación que huye tanto del hedonismo (la entrega absoluta a la complacencia de los sentidos), como de la mortificación (la severidad y austeridad extrema).

Según el budismo, existen “Cuatro Nobles Verdades”:

a) En el mundo hay dolor y sufrimiento. Vivir es estar expuesto a ese sufrimiento, desde que nacemos hasta que morimos.

b) La raíz del sufrimiento (psicológico) es el deseo de riqueza, felicidad y otras formas de disfrute del ego, que nunca puede ser satisfecho porque está arraigado en la ignorancia.

c) El sufrimiento cesa cuando una persona puede liberarse de todo deseo.

En este punto vale la pena destacar que no se trata de simples deseos, sino de lo que ellos llaman “apegos”. De esto ya he hablado antes: en mi serie “¿Vale la pena tener sueños?” (aquí te dejo esta muestra y esta otra) y en mi guía gratuita “Tu felicidad al desnudo, la felicidad como nunca te la habían contado”. Pero, resumiendo: un apego es un deseo en el que depositas el poder de hacerte feliz. Una condición que le pones a la vida que si no se cumple supedita tu bienestar. Es decir, un deseo que no se cumple pero no te altera, no es dañino; un apego sí tiene el poder de causarte sufrimiento.

d) Para liberarnos de nuestros apegos, podemos seguir un camino de ocho partes, cuya descripción tal vez te suene en los tiempos que vivimos como “demasiado moral” (pero yo me pregunto: es que ¿existe alguna forma de sentirse realmente bien si no es viviendo en el Bien…?):

1. Perspectiva correcta: aceptar las 4 verdades anteriores.

2. Determinación Correcta: renunciar a todos los deseos y pensamientos vinculados a la lujuria (entendida no como “sexo” sino como “inmoralidad o exceso sexual”), la amargura y la crueldad. Vivir no debe dañar a otras criaturas.

3. Palabra Correcta: decir sólo la verdad y no generar conversaciones vanas.

4. Comportamiento Correcto: abstenerse de la inmoralidad sexual (insisto: no dice del “sexo”, sino de la “inmoralidad sexual”), de robar y de matar.

5. Ocupación Correcta: trabajar en una ocupación que beneficie a otros y que no dañe a nadie.

6. Esfuerzo Correcto: eliminar nuestras cualidades malvadas, evitar que surjan nuevas y cultivar y desarrollar cualidades buenas y morales. Buscar crecer en madurez y perfección (dentro de lo humano) hasta lograr el amor universal: sentir amor hacia todos los seres.

7. Contemplación Correcta: ser observador, contemplativo y estar libre del deseo y de la aflicción.

8. Meditación Correcta: tras liberarse de los deseos y de la maldad, concentrar los esfuerzos en la meditación para vencer cualquier sensación de placer o dolor, entrar en un estado de consciencia trascendente y lograr un estado de perfección. Y más que perfección, se refieren a un estado de paz y dicha permanente: el famoso “nirvana”, el fin del sufrimiento, un estado donde no hay apegos y la conciencia individual llega a su fin.

Porque para Buda las personas no tienen almas individuales. La existencia de un yo individual, o ego, es una ilusión. Por eso lo que hizo fue tratar de observar con atención y ecuanimidad total la conciencia humana a través de su propia conciencia. Es decir, se observó a sí mismo hasta llegar a conocerse. Y concluyó que en la mente se dan estas 4 funciones principales una y otra vez, produciéndonos sufrimiento:

1) Conciencia: registra lo que sucede.

2) Percepción: evalúa, juzga y clasifica lo que sucede como positivo o negativo.

3) Sensación: respuesta corporal afín a la evaluación de lo sucedido.

4) Reacción: aversión o apego en función de la sensación.

Según Buda, en la mente y en el cuerpo acumulamos sensaciones (3) que hacen que

* generemos reacciones (4) cada vez más marcadas y automáticas;

* nuestras percepciones (2) estén cada vez más mediatizadas (por nuestro registro de sensaciones positivas o negativas) y que, por tanto, limiten la percepción de las experiencias nuevas.

Por ejemplo, si cuando yo entro en un sitio nuevo y saludo con simpatía, la gente ni me mira (1) y yo me siento ignorada y triste (3), la próxima vez que entre en un sitio nuevo, antes de saludar percibiré que la gente que me rodea realmente tiene una expresión antipática (2) y probablemente evite relacionarme (4). Esto es un ejemplo muy tonto, pero llevado a los temas importantes de nuestra vida, descubrimos que ahí se asienta gran parte de nuestro sufrimiento: vivir constantemente el presente con los ojos del pasado.

Como ves si te fijas en los numeritos, la sensación (que es el paso 3) influye en el siguiente (4, la reacción), pero también en el anterior (2, la percepción). Digamos que esos son los pasos con más riesgo de ser “contaminados”. Por eso para Buda, la clave es observar la realidad sin filtros, sólo a través de nuestra conciencia Y SIN JUZGAR (1). Pero, y esto es muy interesante, esto sería ideal si empezásemos a vivir ahora, si recién aterrizásemos en el mundo. Sin embargo, nuestro “tren” viene ya compuesto por muchísimos “vagones” de estos ciclos (1-2-3-4, 1-2-3-4, 1-2-3-4…) en relación a un montón de aspectos de nuestra vida y ya está en marcha, así que se hace preciso detenernos. Y dado que nuestra “locomotora” (nuestra mente) es muy potente y con tanto peso nuestro “tren” tiene una gran inercia, la única forma de frenar in extremis es controlar nuestra reacción, ya que es lo más externo y visible para nosotros, lo más accesible y manejable.

Una forma de entrenarnos en esto de controlar nuestras reacciones la encontramos en la meditación Vipassana, que busca erosionar poco a poco las respuestas condicionadas y automáticas de nuestra mente hasta liberarla totalmente. Consiste en sentarte a respirar, simplemente, tratando de observar con paciencia, atención y ecuanimidad tu respiración y las sensaciones que van surgiendo en tu cuerpo. ¿Y por qué? Porque cuando aprendes a observar tus sensaciones (por ejemplo, el picor) sin reaccionar (rascarte), tu mente empieza a penetrar más allá de la realidad aparente de tu incomodidad hasta alcanzar su naturaleza: la impermanencia. Todo pasa, tus sensaciones físicas, tus emociones, tus dolores psicólogicos… Todo son vibraciones que surgen y desaparecen a cada instante. Por eso supongo que Alejandro Dumas padre decía que “Para todo mal existen dos remedios: el tiempo y el silencio”…

Practicando con tu cuerpo, que es el instrumento que tienes más a mano y con el que te vinculas a tu realidad, tu mente aprende sin darse cuenta de que cualquier otro apego que tengas es inútil… porque pasará. Observando desapasionadamente y sin reaccionar tu cuerpo y los objetos mentales que te pasan por la cabeza durante los minutos que meditas, no sólo te relajas, sino que rompes ese ciclo el ciclo (1-2-3-4) de sufrimiento. Así, las reacciones que detienes, como no se intensifican hasta convertirse en apego o aversión, no dan lugar a emociones intensas que te dominan, sino que se transforman en meras sensaciones que, si no las alimentas, terminan desapareciendo. Con la práctica, tu mente aprende a reprogramarse y aprende a actuar desde la plena conciencia (1), en vez de reaccionar automáticamente frente a los hechos (2-3-4).

Alcanzar esto al principio es efímero, apenas dura breves instantes, pero con la práctica se convierte en una herramienta de gran poder, ya que pone en marcha en nuestra mente el proceso inverso, el de la “purificación”, por llamarlo de alguna manera. El que nos hace erradicar para siempre el viejo hábito de reaccionar y nos ayuda a que nuestra mente permanezca en paz.

¿Cómo lo ves? ¿Te sirve? ¿Qué cosas puedes aplicar a tu propia vida…?

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