fbpx

Flechazo

Me encantaste en cuanto te vi. Fue amor a primera vista. Flechazo.

Quise que fueses mío. No sabía qué hacer para conseguirte, para tenerte. Para llevarte a mi casa, a mi habitación… para pegarte a mi piel y demorarme observando nuestro reflejo en el espejo de mi cómoda.

Tú… tan hermoso… tan acostumbrado a ser admirado y contemplado. No me importaba: yo también soñaba con admirarte y contemplarte. Y tocarte. Y sentirte hasta que te fundieras en mi piel.

Me pregunté cuánto me costaría hacerme contigo, qué tendría que hacer para tenerte entre mis brazos… y, mientras tanto, seguía mirándote mientras tú, ajeno a todo, recibías mi mirada como las de todas las demás.

Aunque confieso que también me preguntaba: ¿realmente te adaptarás a mí? ¿qué pasará cuando, con el tiempo, envejezcas o, simplemente, me canse de ti? Porque eso, sin duda, terminará pasando… ¿qué haré?, ¿te buscaré sustituto?

Aparté esas dudas de mi mente y seguí intentando conseguirte, sin pensar si realmente eras el más adecuado para mí… me costó mucho tiempo y esfuerzo, pero por fin te conseguí y te llevé a mi habitación, sin más pruebas ni preguntas. Tales eran mis ganas que, en el ansia de sentir tu abrazo no me di cuenta de que no eras de mi talla y te rasgué: ¡buah: 500 euros de vestido tirados a la basura!

© Vanessa Gil

Deja un comentario