En busca de tiempo

En la película de “Belleza oculta” el protagonista dice que a las personas nos mueven tres cosas: el amor, la muerte y el tiempo. Sin duda, a mí me mueve el tiempo. Querría días de 48 horas para hacer todo lo que quiero hacer. Y a pesar de ir siempre con la lengua fuera, no abarco. Y lo urgente le quita sitio a lo importante un día tras otro…

En el libro El guardián del tiempo, de Mitch Albom, sus protagonistas, Sarah y Victor, no están conformes con la cantidad de tiempo que les queda de vida: ella quiere poner fin a su vida y él que la vida no acabe nunca. El Padre Tiempo, que fue el primer medidor de tiempo de la humanidad, lleva desde épocas inmemoriales escuchando peticiones como las suyas… así que, como ves, querer disponer de más tiempo ¡no es muy original! 😉

Escuchamos a menudo cosas como “vive más despacio” o “haz menos cosas” que, sí, que tienen razón, pero no es fácil, ¿verdad? Sobre todo si eres una persona especialmente capaz y productiva. Porque tu mente siempre te pide más alimento de ese tipo para nutrir esa parte de tu autoconcepto con la que está apegada. Cuando ves que si te esfuerzas mucho, logras mucho, aunque te sientas infeliz o al borde del colapso, en el fondo de ti siempre residirá esta idea: “no abarco, tal vez si me organizara mejor, si el día tuviese más horas… si… si… si…”. Y para remate, como el acceso a otras vidas (iba a poner otras “realidades”, pero la mayoría no son reales) está tan al alcance de nuestra mano, te asomas a ese mundo y ves a personas a las que parece que la vida les cunde muchísimo, tanto, que te preguntas cuándo hacen las cosas mundanas y corrientes como trabajar y atender sus obligaciones, porque parece que ni las tienen, siempre divirtiéndose de acá para allá, o siempre con una imagen impecable o haciendo actividades de lo más lucidas con sus hijos, cuando a ti te viene ya apretado ayudar a los tuyos con sus manualidades escolares. Porque el día tiene 24 horas para todos y si, con suerte, destinas un tercio a dormir y probablemente más de un tercio a trabajar… ¿qué sucede con el otro tercio? Pues que normalmente está lleno de:

Obligaciones vinculadas a la subsistencia: comer, asearte, desplazarte a tu lugar de trabajo, trabajar, regresar, ir a la compra, preparar la comida, limpiar la casa, lavar la ropa… Vamos, la vida misma.

Obligaciones impuestas o autoimpuestas vinculadas a deseos de mejora: llevar a tus hijos a sus actividades, estudiar inglés para mejorar tu nivel, ir al gimnasio…

“Cronófagos”: actividades aparentemente inofensivas o, incluso, aparentemente necesarias que se cuelan en tu tiempo ¿libre? y literalmente se lo comen, como el uso de Internet y de redes sociales, las llamadas de teléfono que no deseas, el tiempo que llenas con televisión de mala calidad…

Así que a menos que esas vidas que observas pertenezcan a personas que no tienen otra cosa que hacer que mostrarla, si tienen una vida común y corriente, como tú y como yo, no hay trucos, no hay nada de lo que maravillarse, sólo es una cuestión de prioridades: todas esas horas que tú llenas de estas obligaciones o de cosas que crees necesarias para hacer que tu vida funcione, esas personas las dedican en su mayoría a esas otras actividades. ¿Desatenderán esas otras facetas que tú cuidas? Es posible. ¿Les compensará? Es posible, ¿quién sabe?, porque ¿qué sabemos de la vida interior de los demás…?

Pero volvamos al tema que nos ocupa: aceptar que el tiempo es algo limitado. Y es que nos cuesta aceptar la limitación de nuestro poder personal porque lo cierto es que cuando forzamos la máquina, realmente nos da tiempo a abarcar todo lo que queremos. No es gratis, por supuesto y el precio a veces es tan alto que ni lo conocemos, pero conseguir lo que queremos da gustito. Así que cambiar esta idea de hacer menos para ser más cuesta. Porque nos cuesta aceptarnos a nosotros mismos siendo menos productivos o menos capaces… porque nos sentimos menos válidos. O aburridos, o ansiosos por no querer conectar con la quietud que llevamos dentro y que tanto evitamos. Así que es preciso que comprendas que tu lucha contra el tiempo es, en realidad, un intento por protegerte de estas sensaciones que evitas y que te sobrevienen cuando no das lo que “crees que debes” dar. Esto, para mí, es lo más importante que debemos asumir cuando queremos tener más control sobre nuestro tiempo. Lo demás, no son más que aspectos prácticos que sí, te pueden ayudar, pero que no son suficientes si no cambias interiormente también todos estos aspectos. Pero vamos también con los aspectos prácticos. Porque las cosas siempre se pueden hacer de muchas maneras. O, como poco, al menos de otra más. Mi propuesta:

1. Sé práctico:

 Predica con el ejemplo: si te rodean personas que dependen excesivamente de ti, al dedicarte un tiempo en exclusiva provocas, sin proponértelo, que los otros se adapten a una situación de mayor autonomía.

Delega alguna responsabilidad en los demás: esto desarrollará tanto su capacidad para dar como la tuya para recibir.

Elige: como no puedes contentar a todos, selecciona las tareas y personas a las que de verdad quieres atender y priorízalas. Y regálate el tiempo extraído del abandono de esas tareas o relaciones inútiles.

Practica la asertividad: íntimamente relacionada con la anterior, saber decir “no” te ayuda a autoafirmarte y a crear el espacio necesario para ese encuentro contigo mismo.

Suena bien, sí, pero desgranemos más porque la teoría nos la sabemos todos:

2. Haz tu propia lista de estos tres grupos de actividades citados y, punto por punto, analiza de qué manera podrías hacer cada una de estas cosas de una manera más práctica y eficiente (o sea, relajada para ti).

Por ejemplo:

Respecto a las obligaciones vinculadas a la subsistencia:

» Te pregunto: ¿todas esas obligaciones son responsabilidad tuya o alguna le corresponden a otras personas y las asumes tú?, ¿nadie más puede hacer alguna por ti o podrías delegar al menos una o dos? Y aún más importante: ¿necesitas cumplir estas obligaciones según un autoexigente canon de perfección? Me refiero, por ejemplo, a que si quieres comer siempre supersano, a lo mejor cuando vuelves del trabajo la preparación de tu cena o de la comida del día siguiente te lleva mucho tiempo. No te estoy diciendo que te alimentes a base de sándwiches, pero, si por ejemplo, la comida es una de las actividades que más tiempo te quita, te invito a que reduzcas tu nivel de autoexigencia. Por comer un plato precocinado a la semana nadie se muere, no te engañes. Y por cocinar simple, tampoco. Es más, la cocina a la plancha, al horno y al vapor es más sencilla, rápida y saludable y te llevan menos tiempo a la hora de cocinar (¡y de pensar el menú!) que elaborados guisos. Por otro lado, si cocinas todos los días, destina un día o dos para hacerlo. Ahora le llaman batch cooking porque parece que necesitamos ponerle nombres especiales a las cosas para darles valor. Pero no deja de ser lo que nuestras madres llevan haciendo toda la vida: hacer comida de más para tener para otro día, preparar cosas que puedan congelarse… vamos, cocinar con un poco de sentido común para no tener que trabajar de más, sobre todo si, como a mí, no te gusta esta tarea 🙂

» Si vas a la compra varias veces a la semana, redúcelo a un día a la semana.

» Si pones lavadoras todos los días, tratar de agrupar los días de colada en uno o dos. O, cuanto menos, programar la lavadora para que termine en momentos donde puedes atender a esta tarea sin que te entorpezca otras. Y si tienes hijos, enséñales a doblar y guardar su ropa (en realidad, es muy sano que todo lo que puedan hacer solos, lo hagan, y en casa hay muchas cosas muy fáciles de hacer). Y no vayas tras ellos para colocarla mejor, te quitará tiempo y ellos sentirán que no tiene sentido ni valor lo que hacen. Recuerda: mejor hecho que perfecto.

» Aprovechar la zona donde se encuentra tu lugar de trabajo para hacer alguna gestión y así, cuando regreses, tienes una obligación menos.

  Respecto a las obligaciones impuestas o autoimpuestas vinculadas a deseos de mejora:

» Te pregunto: ¿todas esas obligaciones responden a demandas reales o sólo de tu mente? ¿Y están justificadas o son contraproducentes? Quiero decir: si vas al gimnasio con el objetivo de sentirte mejor físicamente, pero luego llegas a casa, el trabajo se te amontona y te estresas, ¿vale la pena? Algo hay que cambiar si te sucede esto, porque el ejercicio físico se supone que no es sólo para el cuerpo, sino también para la mente. Y si te va a generar más ansiedad que bienestar, hay que replantear o bien el ejercicio, o bien el resto de obligaciones… o bien ambas cosas.

» Si llevas a tus hijos a actividades, aprovecha ese tiempo para hacer algo que necesites o, simplemente, para saborear ese espacio libre y tomarte algo en una cafetería. Sentirte dueño de ese momento, te hará sentir más poder y control sobre tu tiempo. Y, ante todo, sobre esa ansiedad que sientes al querer abarcar tanto.

» Si estudias inglés para mejorar tu nivel o porque “hay que estudiar inglés”, revisa la finalidad que persigues. Si sólo es por mejorar tu nivel cultural, puedes hacerlo de una forma más relajada que si persigues un objetivo profesional a corto plazo. Las formas de abordar las cosas dependen del fin que te mueva hacia ellas.

Respecto a los cronófagos:

» Te pregunto: ¿cuántas tareas de las que haces inconscientemente reducirías si pusieras un poco de conciencia en ellas? ¿Cuánto tiempo pasas, por ejemplo, mirando el móvil por impulso, nerviosismo, aburrimiento…?

» Las llamadas de teléfono puedes agruparlas en un momento del día donde no perturben el resto de tus actividades.

» ¿Qué otros crónofagos hay en tu vida…?

3. Revisa tus creencias al respecto:

  ¿Qué piensas en realidad del tiempo libre? Tal vez creas íntimamente que dedicarte tiempo es, valga la redundancia, una pérdida de tiempo. Y estés tan convencido de ello que no veas que aunque regalarte un momento no tiene otro fin que tu propio disfrute, también es cierto que cada encuentro contigo mismo te llena de vida y de fuerza para afrontar tus tareas y retos diarios.

  ¿Realmente crees que te mereces más tiempo para ti? Es posible que en el fondo de ti resida la idea de que, tal vez por tu edad, cargo o responsabilidades, no merezcas en realidad tiempo libre. Es más, quizás hasta te sientas más “importante” si no lo tienes, ¿te has parado a pensarlo? Hasta que esa idea deje de serte útil, seguirás sin encontrar tiempo para ti.

  ¿Qué opinas de ti mismo cuando te dedicas tiempo? Como en nuestra cultura no hay referentes del sano amor a nosotros mismos y lo confundimos con el narcisismo y la egolatría, es posible que te sientas egoísta al dedicarte un poco tiempo. Pero uno da de verdad cuando está lleno y si no te concedes nada a ti mismo, lo que des a los demás te causará dolor darlo, tendrás un sentimiento de sacrificio. ¿Es eso lo que quieres de verdad?

4. Obsérvate en tu tiempo libre, cuando lo tengas. Quizás no me creas, pero hay personas que no están preparadas para tener tiempo libre porque enseguida necesitan llenarlo de cosas, de actividades, de trabajo… hay personas que no sienten que se ganan el aire que respiran si no están siendo productivas, ¿eres tal vez tú una de ellas? Si es así, de nada servirá tu trabajo anterior porque te autoboicotearás a la menor ocasión y nunca tendrás acceso a esas actividades placenteras que deseas porque tú serás tu único impedimento.

5. Date permiso para soñar: ¿qué harás con todo ese excedente de tiempo que obtendrás?, ¿qué es lo que tanto anhelas hacer y por lo que te quejas de falta de tiempo? Porque si el tiempo que ganes va a terminar siendo llenado de más obligaciones o de tiempos muertos de los que los “cronófagos” se nutran, quizás no tenga sentido tu esfuerzo.

Un abrazo,

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