Serie ¿Vale la pena tener sueños? 5: Allanando el camino hacia tu estrella II

Terminábamos el artículo anterior hablando de cómo la perspectiva que yo llamo “mística” te ayuda en el camino hacia tu estrella y nos quedamos en cómo se traduce eso a un nivel más concreto: ¿cómo sería esto de vivir el camino hacia tu estrella también desde esta perspectiva mística (sin olvidar, por supuesto, las anteriores)?

1. Expresa lo que deseas, formúlalo, pídelo.

Como venimos diciendo a lo largo de esta serie de artículos, NO es fácil saber lo que quieres (como mucho lo que se te antoja, que no es lo mismo). A menudo pides cosas para tu vida sobre las que no has reflexionado en profundidad. El resultado es que te ves embarcado en proyectos que te llevan hacia metas con las que no te sientes realmente identificado y con las que, por tanto, te cuesta comprometerte hasta el final.

Para elegir adecuadamente, desde mi punto de vista creo que la mente es buena para valorar opciones, pero no siempre lo es para decidir. Y mucho menos en este asunto: es tu estrella, tu sueño, tu deseo más querido. La guía en esto son tus emociones. Ellas vibrarán en tu interior cuando tú elijas lo que realmente anhela tu corazón. ¿Lo has comprobado alguna vez…?

2. Sé consciente de que tu petición está siendo atendida.

Por Dios, la Vida, el Universo o el pato Donald, lo que tú quieras. Es una cuestión de confianza, igual que cuando vas a un restaurante y pides lo que quieres, no dudas ni por un instante en que el camarero te lo traerá, aunque tarde un poco. Así, no muestras ansiedad ni dudas mientras esperas tu plato e incluso puedes conversar animadamente de otras cosas con tu  acompañante…

O, si te gusta más, y es una creencia más orgánica para ti: sé consciente de que has plantado tu semilla y que aunque la estás regando afanosamente, las cosas llevan su tiempo. Ármate de paciencia. Y cuando creas que se te está agotando, mira a ver dónde puedes conseguir un poco más porque la necesitarás. A veces pasarás épocas en las que las cosas no avanzan como tu habías previsto, parece que todo se estanca. No siempre avanzamos en línea recta, a veces vamos a sacudidas. Y durante un tiempo de aparente bloqueo (que a veces es sólo aparente…) puedes aprovechar para hacer otras cosas que te mantengan animado o, simplemente, descansando y preparándote para el paso siguiente. Planéalo todo con detalle, pero sé flexible, ábrete a las sorpresas, encaríñate con lo inesperado. Que tus planes no funcionen no tiene por qué ser malo (¿te apetece leer un precioso cuento al respecto?), tal vez haya otro camino mejor en el que ni siquiera habías reparado. Tú céntrate en el “qué” (qué quieres) y permanece atento al “cómo” (la manera en que puedes conseguirlo con tus medios o con los que la vida te vaya brindando).

3. Alimenta tu deseo.

Trabaja por tu deseo, esfuérzate, claro que sí, pero fortalece tu motivación y tu estado de ánimo, que son los pilares de tu deseo, la columna vertebral que lo sostienen. En Pide y se te dará (Esther y Jerry Hicks) te cuentan un montón de ejercicios que puedes hacer y que te animo a poner en práctica. Eso sí, si al leerlo te parece que sus autores son unos “iluminados” porque parece que esto de los deseos es sólo casi cosa de magia, no permitas que los árboles te impidan ver el bosque, es decir, que el hecho de que algo choque frontalmente contra tus creencias no significa que todo su contenido quede invalidado. Separa el grano de la paja y quédate con lo que te sirva. Yo de este libro destaco un ejercicio que me parece muy bonito y simple, “el tablón imaginario”:

Pega en un corcho, y a la vista, dibujos, fotografías, escritos, símbolos… que representen todas las cosas que deseas como si ya las tuvieras: salud, prosperidad, relaciones positivas… Por ejemplo: si deseas tener más dinero, toma un extracto de tu cuenta bancaria y escribe encima la cantidad que te gustaría que hubiera. Ha de ser una cantidad que tú consideres creíble, pues si las ves absolutamente fuera de tu alcance, producirá el efecto contrario al que persigues. Otro ejemplo: si deseas vender tu casa, no has de poner un papel donde escribas “quiero vender mi casa”, sino una foto de la misma en la que estampes un  “Vendido”, de manera que cuando la mires sientas la alegría de lo que está por venir. La esencia de este ejercicio no es mágica, aunque mucha gente lo vea así, es más práctico que todo eso: es que verlo a diario te haga sentirte mejor por

  • la alegría que te produce visualizarlo y dejarte contagiar por las emociones venideras;
  • el hecho de que estás trabajando por tu deseo;
  • las nuevas ideas y posibilidades que se abrirán ante ti al estar tan atento a tu objetivo;
  • y la fortaleza y paciencia que te inspirarán y que tanta falta te harán en este proceso.

También es interesante este ejercicio para ayudarte a definir tu estrella o a cambiarla a lo largo del tiempo, si descubres que no estabas persiguiendo lo que realmente querías.

4. Mantén a raya a tus saboteadores.

Durante este camino hacia tu estrella, muchos “monstruos” vendrán a verte, desde fuera y desde dentro de ti, todos dispuestos a lograr que abandones tu tarea:

  • Pensamientos catastrofistas
  • Personas que esperas que te apoyen y no lo hacen
  • Personas que directamente te juzgan negativamente
  • Personas que reivindican que pases más tiempo a su lado y con las que te tocará llegar a acuerdos
  • Personas, incluso, que intentan impedirte que dediques tiempo a tu estrella y, para ello, no dudan en manipular tus emociones
  • Muros que tienes que escalar y que sólo están, como decía Randy Pausch en su hermosa última lección, para demostrarte la fuerza de tu deseo
  • Miedos que tienes que superar atreviéndote a atravesarlos y descubriendo que, de cerca, no es tan fiero en león como lo pintan y que, después de todo, si le tienes a tu lado termina siendo algo familiar… al fin y al cabo, ¿qué es más grande: tu miedo o la atracción que te provoca tu estrella? Porque ¿qué es lo peor que puede pasarte? Desmenuza tu miedo, disecciónalo, analízalo para saber qué es eso tan terrible que temes. Verás que tu mente es como un globo que hinchas e hinchas de pensamientos que te hacen daño y cuando te das la oportunidad de desinflarlo, ves que sólo es un pellejo…
  • Tus propias creencias autolimitadoras: sobre la prosperidad, el fracaso, tus capacidades, tus resistencias a aceptar ciertas cosas, tu nivel de autoexigencia, tu incapacidad para aceptar tus equivocaciones, hacerte rasguños o ponerte tan nervioso como sea preciso…
  • Sentimientos de culpa (porque te sientes responsable de la felicidad y bienestar de los demás y ahora tu estrella te exige atención) y remordimientos de conciencia

En este sentido, me parece muy interesante que te permitas sentir el miedo, los sentimientos de culpa y los remordimientos de conciencia, porque aunque pienses que estás en pleno de derecho de intentar alcanzar tus objetivos y sepas que estás haciendo lo correcto, los vas a sentir igualmente. Es tu viejo programa, que no quiere desinstalarse de ti. No le hagas caso y sigue a lo tuyo. Es una sensación muy desagradable, pero imagínate que es un bobo tamagotchi al que has decidido dejar de alimentar y, con el tiempo y permitiendo que “pite” (es decir, que te molesten tus sentimientos) sin prestarle tu atención (que, por si no lo sabes, ES TU MAYOR PODER) terminará apagándose. Autorízate a tener esos sentimientos y aun así a hacer lo que consideres oportuno, prueba a hacerlo: sentirás que tu “indicador de poder personal” se recarga mucho más rápido que la batería de tu móvil. El nuevo programa que estás intentando instalar en ti pesa mucho más y se carga más lentamente, pero hará que tu sistema operativo funcione mucho mejor, ya lo verás. Y, mientras tanto, tómate tus sentimientos de culpa como una prueba de que estás haciendo justo lo que quieres hacer y alégrate por ello 🙂 Así que si tienes miedo, hazlo con miedo. Si sientes culpa, hazlo con culpa. Pero hazlo. Sólo son sensaciones que produce tu mente cuando la desafías, pero una vez que das el paso, tienes que reconocerte que la realidad no es tan terrible como el miedo te hace creer.

Henry Ford decía al respecto: “tanto si piensas que puedes como si piensas que no puedes, de cualquier forma estás en lo cierto”. Es decir, sabía del inmenso poder que tienen nuestras ideas y creencias sobre nosotros mismos. Por eso es esencial que igual que vas al supermercado y eliges alimentos, selecciones también las ideas e imágenes de las que quieres nutrirte. Y para eso, como te decía al inicio del artículo 1 de esta serie, tienes que estar bien despierto: complácete y recréate SÓLO en aquellos pensamientos y aspectos de la realidad que te produzcan una sensación más grata; el resto, deséchalos directamente, sin contemplación.

Así que regodéate en lo bello, no sólo en tu mente, también en tu vida cotidiana: canta, escucha música, acaricia a tu gato, camina por un paraje bonito, trae a tu memoria recuerdos entrañables, mantén conversaciones sanas e interesantes… cualquier actividad que te haga sentir bien, que resuene en tu corazón, te mantendrá alineado con lo que quieres conseguir. Y si resultase que la ley de atracción no existe y esto que haces no ayuda a atraerlo, de lo que sí puedes estar convencido es de que al menos tu trayecto hacia tu estrella será mucho más agradable, ¿no crees?

¿Cómo lo ves?, ¿cuál es tu perspectiva?, ¿identificas tus sueños?, ¿los has convertido ya en objetivos?, ¿y te animas a caminar hacia ellos?

Si los alcanzas, me encantará que me lo cuentes… y si no, también 🙂

Un abrazo,

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