Serie ¿Vale la pena tener sueños? 2: El peso de los sueños

Me viene a la cabeza un divertido y sabio video de Odín Dupeyron, en el que dice, y coincido totalmente con él, que tenemos un exceso de pensamiento mágico “pendejo”, en clara relación a la tercera perspectiva de la que hablábamos en el artículo anterior. En este video, además, hace referencia a una idea que me sirve para introducirte este artículo: “¿tenemos que tener una misión, un sueño?, ¿nuestra vida no tiene sentido si no lo tenemos?”. Creo que muchas de las personas que vivimos en el actual “estado de bienestar” nos regimos, conscientemente o no, por la cumbre de la pirámide de Maslow, es decir, que, una vez que satisfacemos nuestras necesidades más básicas, vamos aspirando a cubrir nuestra supuesta necesidad de realización. Y digo “supuesta” porque no todo el mundo tiene las mismas necesidades ni aspiraciones. Como dice Odín, ahora vivimos presionados porque tenemos que ser felices, tenemos que tener una misión en la vida… y este asunto, paradójicamente, termina produciéndonos más ansiedad que otra cosa. Nos comparamos con los demás (¿o quizás con las imágenes de felicidad que proyectan los demás, con lo que quieren que pensemos…?) y siempre salimos perdiendo. Parece que la felicidad ha dejado de ser un asunto íntimo, personal, y ahora está en boca de todos. Para más inri, muchos parecen saber cuál es la clave de esa ansiada felicidad y la ponen a la venta, ofreciendo sus imágenes de sonrisas sin fisuras, que duran tanto que me hace pensar que están al borde de la parálisis facial. Pocas personas muestran sus luces… pero también sus sombras. Y pocos se atreven a confesar que, en realidad, no tienen clave alguna porque, en todo caso, la felicidad es una responsabilidad de cada uno. [Entre esas pocas personas, he descubierto a Déborah Marín, que escribe en Oyedeb cosas muy interesantes y enriquecedoras para conocerte mejor y vivir alineado con lo que eres, por si te interesa].

¿Entonces qué? ¿Qué crees que es mejor para tu vida: vivir con sueños o sin ellos? O, mejor dicho ¿con objetivos o sin ellos? O, rizando el rizo, ¿tu objetivo es vivir sin objetivos? Yo opino que sin rumbo, la vida puede llegar a ser muy agotadora, pero si a ti te sirve, no tengo absolutamente nada que decirte y te felicito de veras por saber vivir bien así. No sigas leyendo entonces porque no voy a aportarte nada. Pero, si en tu interior revolotea alguna inquietud como una mariposa que necesita salir de tus confines, quizás compartas conmigo la idea que te comentaba en el artículo anterior de esta serie y es que tu vida cuanto más vacía está, más te pesa (¿la insoportable levedad del ser…?). Barbara Berckhan, en su libro Haz realidad tus deseos de una vez por todas  llama “estrellas” a los sueños que perseguimos. Y afirma, incluso, que una estrella no es una carga añadida que te impones, sino lo que te saca de una vida sobrecargada. Ahora bien, aunque estoy de acuerdo con esta idea, perseguir un sueño, un objetivo o como quieras llamarlo tú… da trabajo, ¿verdad?, MUCHO trabajo… y por más que sea cierto que la ilusión y la fuerza que nos provoca nos hace sentir más ligeros, de alguna forma lo concebimos también como una carga, pues de no ser así, no tendríamos tantas resistencias a emprenderlo.

Así que me gustaría lanzarte varias preguntas y algunos comentarios, por si te sirven:

1) ¿Cómo puedes encontrar un peso óptimo, una carga óptima, sin excesos, llevadera e ilusionante?

Puedes encontrar muchos recursos (entre otros lugares, también en Oyedeb) para conocer cuáles son esas pasiones, esos cerillos que se encienden en tu interior y de los que hablamos en otra ocasión… en otras palabras, aquello que puedas amar, aquello que te gusta hacer con amor.

Y es MUY importante, al menos para mí, saber diferenciar si amas algo o amas la idea de ese algo: por ejemplo, puedes amar la idea de ver a unos padres montando en bici con su hijo, puedes pensar que sería hermoso que tú montaras en bici con el tuyo, pero luego en la práctica, no soportas el sillín, te dejas el hígado subiendo las cuestas, te da miedo bajarlas a cierta velocidad y sufres de lo lindo cuando pierdes a tu hijo de vista. Me explico, ¿verdad? Lo mismo sucede con tus sueños.

Hace poco me topé con el término japonés ikigai, ¿lo conoces? Puedes saber más al respecto aquí o aquí, por ejemplo. ¿Te inspira a aventurarte a descubrir el tuyo?

Decíamos en el artículo anterior, que los apegos, que conducen al sufrimiento, se dan cuando nos obsesionamos con nuestros deseos y hacemos depender nuestra felicidad de su cumplimiento. Así que no te obsesiones con tu deseo, suéltalo… pero si realmente es un deseo significativo para ti, te enamorarás de él de forma natural y saludable para ti (es decir, sin obsesionarte). Te encenderá por dentro. Te dará un chute de energía extra cada mañana al despertar. Será tu jalea real 🙂 La visión de lo que deseas te embargará cada día un poquito y te inspirará. Cuida sólo de no excederte, porque el fruto cae del árbol a su hora y no siempre tenemos la paciencia para esperar a que nuestro deseo esté maduro. Y cuando eso sucede, nos quemamos y abandonamos, encima con el convencimiento de que la culpa la tiene el habernos fijado un objetivo y que viviremos mejor sin él… con lo cual, vuelta al inicio de la rueda: vaciar tu vida, sentir el vacío, querer llenarlo… el ciclo sin fin.

2) ¿Tienes ya tu “yo quiero” o sólo tu “no quiero”?

A veces sabemos lo que no queremos y nos pasamos la vida evitándolo, volviendo la cara a lo que no queremos… dando vueltas como una peonza, ¿y lo que quieres para cuándo? Tú eliges si seguir viviendo con tortícolis o ponerte manos a la obra. ¿Crees que tu vida es un boceto y que la obra de arte va después? No sé tú, pero yo empiezo a darme cuenta de que mi tiempo de hacer bocetos ya se ha acabado y que me toca lanzarme a pintar…

3) ¿Te has zambullido en tus deseos para ver qué esconden?

Tu sueño puede ser perfectamente el de pasar la vida yendo de safaris por África y tienes todo el derecho de ir a por él, aunque otras personas piensen que es una tontería o un absurdo. Lo que tu corazón anhela vale la pena que, como poco, lo conozcas. Pero vale la pena también, antes de poner tu vida actual en riesgo, de que lo analices con sensatez (sí, sensatez, esa virtud que está pasada de moda porque se asocia a ser soso o poco aventurero). Porque deseos aparentemente locos o insensatos, albergan anhelos sensatos. Y si bien puedes ser un apasionado de los animales que disfrutaría muchísimo de esa experiencia, quizás si miras tu vida con detenimiento puedas enriquecerla de formas más inmediatas y asequibles para ti (sin que ello sea incompatible con perseguir tu sueño) como, por ejemplo, tener una relación más cotidiana con los animales: tener animales propios, cuidar los del vecino, averiguar sobre puestos de trabajo relacionados, participar de forma voluntaria en albergues y otras iniciativas… Con esto quiero decir, que solemos ser muy radicales y vamos del todo a la nada con la facilidad de un péndulo: “¿que mi sueño de ir a África aún no está a mi alcance? Pues nada, no busco formas de sentirme satisfecho al respecto mientras eso sucede”. Vamos, un “me enfado y no respiro” en toda regla… aunque como somos adultos, no se nos nota que nos ponemos rojos y estamos a punto de estallar por la falta de aire en nuestra vida.

4) ¿Qué haces que aún no estás caminando hacia tu objetivo?, ¿por qué estás ahí parado?

Igual esta pregunta te escuece más porque quizás eres de esas personas que SÍ sabe lo que quiere, pero, por algún motivo, ni siquiera te lo reconoces a ti misma. Lo sabes, pero como en voz baja, que no se entere nadie… ni siquiera tú.

¿Los motivos? Seguro que son infinitos, pero te cuento algunos que tal vez te atrevas a reconocer:

  • Tus sentimientos de no merecimiento por la creencia de que no está a tu alcance y que tu vida actual, la que te ha tocado “por defecto”, es todo a lo que puedes aspirar.
  • Tus sentimientos ambivalentes hacia la prosperidad (material o de otro tipo): por un lado la deseas, pero por otro la demonizas (por ejemplo: “los ricos son malos y los pobres son buenos”).
  • Tus atención dirigida sobre todo a tus carencias: tu falta de talento, de inteligencia, de experiencia, de contactos, de dinero, de tiempo, de apoyos, de juventud… todos ellos “asesinos de estrellas”, que diría Berckhan.
  • Tu miedo al fracaso, en el que, por si no lo has notado, ya estás. No tienes lo que quieres. Sólo tienes un camino y es ascendente, para bien y para mal (está arriba sí, pero en cuesta, así que ya sabes…).
  • Tu miedo al éxito, suena fuerte, pero también existe. A veces sólo visualizar algo que consideramos demasiado bueno hace que nuestras piernas se vuelvan alambres y en nuestra mente suene un “no, no, no” con la voz de Amy Winehouse.
  • Tu tendencia a postergar que, según Berckhan, hace que tu estrella se congele, se muera de frío: “y es que las estrellas se recolectan mientras arden. Y la mejor época es siempre ahora”.
  • Tu cansancio, porque tu vida fue o es muy dura, porque tuviste una época terrible, porque no te sientes bien (en salud, relaciones o dinero)… da igual, cualquier motivo te sirve para decirte a ti mismo que no es buen momento y que necesitarías regenerarte antes… sin querer aceptar la realidad: motivarte por algo que amas, vislumbrar luz en la oscuridad, es la mejor medicina, el mejor alivio para tu cansancio.
  • Tu pereza. Sí, sí, así, tal cual. Para mí éste es EL MOTIVO, con mayúsculas. Así que merece un artículo propio… el siguiente J

En el siguiente post, entonces, te daré mi respuesta (me encantará conocer la tuya en los comentarios, si te apetece) a la pregunta que da título a esta serie: ¿Vale la pena tener sueños?

Un abrazo,

 

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